jueves, 18 de junio de 2009

Museo municipal de arte tebeístico de Saitama

  • Nombre del museo: Museo municipal de arte tebeístico de Saitama
  • Dirección: Bonsai-chō 150, Kita-ku, Saitama-shi, Saitama (Google Maps)
  • Cómo ir: A 5 minutos a pie de la estación Ōmiya-kōen (línea Tōbu Noda)
  • Precio: gratuito
  • Horario: De 9.00 a 16.00. Cerrado los lunes no festivos y la época de fin e inicio de año

Tal vez es justo que el Museo municipal de arte tebeístico de Saitama, o Saitama Shiritsu Manga-kaikan さいたま市立漫画会館, como se conoce en japonés, sea de los primeros en aparecer en esta serie recientemente inaugurada dedicada a museos y lugares emblemáticos relacionados con el manga. Y lo es porque fue ni más ni menos que el primer museo relacionado con el manga en abrir en Japón; concretamente fue inaugurado en el año 1966.

Rakuten Kitazawa, el dibujante al que está dedicado el museo

Vamos a ser claros: es solo recientemente, muy recientemente, que el manga por fin está consiguiendo la notoriedad que se merece en su país, Japón. Hasta bien entrados los años 90, el manga era considerado simple “subcultura”, algo que no merecía la atención ni el reconocimiento que bien merecía desde hacía décadas por su capacidad de entretener e influenciar a las masas, entre muchos otros méritos (y deméritos, claro). Ha sido solo a partir de los años 90, e incluso me atrevería a decir a partir de la entrada del siglo XXI, que por fin está habiendo reconocimiento y se han inaugurado museos y exposiciones especiales dedicados al manga o a artistas en concreto por toda la geografía japonesa.
Por eso tiene mérito que haya un museo con una historia que se remonta a más de 40 años atrás. Pero tiene un poco de trampa, ya que este centro está dedicado principalmente a la memoria de Rakuten Kitazawa, que, más que un simple mangaka, fue caricaturista, ilustrador y periodista, y sus obras más conocidas estuvieron dirigidas al público adulto y erudito. Sería un poco como, poniendo ejemplos patrios, serían Forges o El Perich –en contraposición a gente como Ibáñez o Vázquez, claro–. ¿Verdad que no os parecería raro que las autoridades pusieran dinero para un museo dedicado a Forges, pero sí os parecería rarísimo que lo hicieran para un museo dedicado a Vázquez? Pues eso. Lo mismo, pero en Japón.

El primer número de la revista Tokyo Puck

No quiero quitarle méritos a Rakuten, por supuesto, ya que fue una pieza fundamental para el establecimiento del arte del cómic en Japón, y de hecho tiene el honor de ser “el primer mangaka profesional de la historia”, como él mismo dijo. Nacido en 1876, aprendió el arte de la caricatura de un dibujante inglés llamado Frank A. Nankivell en Yokohama, cuando trabajaba para un periódico semanal en inglés llamado Box of Curios. A partir de ahí, su carrera progresó meteóricamente: el ilustre Yukichi Fukuzawa (el que presta su efigie a los billetes de 10.000 yenes, nada menos) decidió ficharle para su publicación Jiji Shinpo (Informativo sobre sucesos del momento), donde triunfó con la sección dominical Jiji Manga. Más tarde, Rakuten decidió fundar su propia revista, a la que tituló Tokyo Puck, con la que consiguió un éxito tremendo gracias a sus caricaturas políticas no exentas de polémica y mucha mala leche. Y así siguió, durante años y años, intercalando en su carrera un largo viaje a Europa (donde el gobierno francés le otorgó una medalla al mérito) y dedicándose de vez en cuando a la pintura tradicional japonesa. En sus últimos años de vida, Rakuten abrió su academia, en la que se esmeraría en formar a la nueva generación de caricaturistas japoneses.

Ejemplos de la sección Jiji Manga, realizada por Rakuten

El Museo municipal de arte tebeístico de Saitama (se llama así por expreso deseo póstumo del autor, que prefería que el centro se convirtiera en un motor para la promoción del arte tebeístico más que en una exaltación de su figura), se levantó encima de la propia casa de Rakuten, donada por su viuda. Aunque es un edificio moderno, en su interior se conservan perfectamente algunas estancias que utilizó el dibujante en su día, como por ejemplo su despacho, donde trabajaba, o el jardín. Está situado en un barrio precioso, el llamado “Bonsai-chō” o “barrio del bonsái”, que es donde en 1925 se instalaron muchos cultivadores de bonsáis provenientes de Tokio. Así, es una zona tranquilísima, con casas unifamiliares con su jardín, y mucha vegetación.
El Museo consta de dos pisos: en la planta baja encontramos el despacho de Rakuten, protegido por una mampara de cristal para que nadie pueda entrar; la recepción, donde uno puede comprar recuerdos o libros; una biblioteca con más de 3500 tomos de manga disponibles gratuitamente para leer in situ; el jardín (bastante pequeñito); y la sala dedicada a la vida y obra de Rakuten. La planta superior está dedicada íntegramente a las exposiciones temporales especiales relacionadas con el mundo del manga y la ilustración. Por lo que he visto, en esta sala se han realizado algunas exposiciones bastante interesantes sobre autores de manga concretos, pero cuando yo fui estaban expuestos los trabajos de un concurso juvenil del manga de la ciudad de Saitama y, francamente, no me inspiró para quedarme allí mucho rato.

El despacho de Rakuten, perfectamente conservado. Es un escaneo de un libro porque cuando fui daba el sol en el cristal que lo protege y casi no se veía nada. ¡Como para hacer fotos! XD

La sala dedicada a la vida y obra del autor, pues, es bastante típica en estos casos: en una zona se explica la biografía de Rakuten, paso a paso. En otra zona se presenta extensamente su obra, con varios ejemplares originales de periódicos o revistas en las que publicó y sus explicaciones correspondientes. Y en el centro, unas vitrinas con algunos efectos personales suyos (por ejemplo, le gustaba mucho la alfarería artística y tenía algunas piezas) y objetos conmemorativos, como la medalla del gobierno francés.

La sala dedicada a Rakuten, con muestras de su obra y objetos personales

¿Valoración personal? Pues la verdad, a no ser que uno sea un fanático del arte caricaturesco, no recomiendo mucho la visita, y además todas las exposiciones están íntegramente en japonés, por lo que si no se domina el idioma tampoco va a sacar gran cosa. Ahora bien, existe la opción de, nada más llegar, comprar el excelente catálogo del Museo titulado Kitazawa Rakuten, Founder of the Modern Japanese Cartoon por poco dinero (no recuerdo qué valía, pero rondaba solo los 1000 yenes por un libro a todo color de 60 páginas). El catálogo está en edición bilingüe japonés-inglés y es un repaso excelente y muy conciso de la vida y obra de Rakuten, con muchísimas ilustraciones de sus obras. Así, se puede seguir bien la exposición a medida que se hojea el catálogo. Para mí fue la gran compra del día, ya que no existen libros concisos sobre este autor en el mercado, solo hay grandes tochos infumables en japonés, a menudo en blanco y negro, y carísimos. Además, ya que la entrada al museo es gratuita, resulta muy fácil invertir en algo como esto.

Detalles de la exposición dedicada a Rakuten

Otro aspecto que destacaría es el agradabilísimo paseo que me di aquel día. Como me gusta caminar, en vez de ir directamente a la estación que queda más cerca, bajé en la estación de Omiya y fui andando. El trayecto entero dura unos 30 o 40 minutos y te da la posibilidad de atravesar un gran y precioso parque con un santuario sintoísta al que se llega después de recorrer una gran avenida llena de árboles. Además, el área de Bonsai-chō, donde está situado el museo, es muy bonita. Y, por si fuera poco, el hecho de bajar en Omiya me permitió descubrir una pequeña tienda estrechísima y curiosísima justo delante de la salida este donde venden todo tipo de muñequitos frikis vintage (sí, sí, de los años 60-70-80) que sería la perdición de cualquier amante de los muñecos y los juguetes. ¡Madre mía, menuda tienda!

El tranquilo y bonito barrio de Bonsai-chō, donde se sitúa este museo

Finalmente, si sois de esos a los que les encantan los trenes, tenéis suerte, porque a unos 30 o 40 minutos a pie en dirección oeste se encuentra el Museo del Ferrocarril. Yo no pude ir porque no tenía tiempo (ni tampoco me fascina demasiado el tema, la verdad), pero puede ser una visita muy interesante debido a la increíble cultura ferroviaria que tiene Japón. Además, es un museo muy nuevo y probablemente muy moderno, por lo que la visita a Omiya, a la que se puede sumar también la frikada del Museo John Lennon (por cierto, el único oficial y que cuenta con los objetos personales que pertenecen a su viuda Yoko Ono) puede ser una visita muy completa para un día en las cercanías de Tokio que no sepas muy bien qué hacer.

2 comentarios:

Eduard Terrades dijo...

Molt bé,molt bé Marc. Más museos para darnos envidia. La verdad es que este lo desconocía completamente. ¡Que grata sorpresa! Es fascinante y curioso a la vez comprobar como los japoneses no se están de nada a la hora de abrir museos dedicados al noveno arte; arte que cultivan y que ayuda a subir el PIB anual^^. Habrá que anotarlo a la ruta de museos para el pròximo viaje a Japón (de momento el de Ishinomori es el que más me tira ahora. Lo dicho, ve poniendo más museos de estos.

Manu dijo...

Esto de los museos es la leche, hacen de todos los autores y todas las cosas XD

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